No es tu cliente, eres tú: Cómo ser realmente efectivo con tu empresa

Si varias veces en el día te quejas de tus clientes o de un cliente en particular, algo está sucediendo mal.

No te pagan, se quejan del servicio, son fastidiosos.

¡Te tengo malas noticias!

No es tu cliente, el problema empieza contigo.

Eres emprendedor, trabajas por tu cuenta o compras y vendes mercancía.

No importa cuál sea el caso, tú eliges a quien atender.

Tú pones las reglas, porque si dejas que el otro las ponga por ti, entonces eres un empleado.

Ellos no son tus clientes, son tus jefes.

¿Cómo escoger a un cliente?

El primer paso es ser selectivo con las personas con quien trabajas.

Si debes decir que no, hazlo sin temor.

No mendigues nunca, valora tu talento y lo que tienes para brindar.

Estudiaste, te preparaste, llevas una larga experiencia que merece un valor.

Entonces tienes que darte ese valor, porque te lo ganaste.

Si tú no te lo das, ¿quién lo hará?

Así como en la vida real alguien no te cae, en los negocios también puede ocurrir y no te debes sentir mal por ello.

Incluso, puede suceder que un cliente sea demasiado grande para ti y no estás en la capacidad de solucionar su problema.

Eso lo debes aceptar. Sé realista y prepárate para él.

La idea es que avances siempre, incluso cuando creas haber retrocedido por un fracaso.

Buen cliente Vs. Dinero

No todo en la vida es dinero, cuando entiendas esto, muchos de tus problemas se acabarán.

Un buen cliente no es necesariamente el que mejor te paga.

¿Con cuál te sientes más a gusto?, ¿qué te llena más?

Quizás el que más te reta, o simplemente el más simpático, pero te apuesto que el dinero no fue lo primero en lo que pensaste.

¿Por qué esto es bueno para tu empresa?

Al entender que tú seleccionas tus clientes, asumes una responsabilidad, eso disminuye mucho las quejas.

Pero también te vas volviendo experto en escoger clientes estrella.

Entonces terminas siendo más feliz con lo que haces y cómo lo haces.

Es un lujo encontrar personas con las que de verdad quieres compartir tus conocimientos, tiempo y esfuerzo, por lo que tu efectividad aumenta.

El dinero sabe mejor, en algunos casos hasta rinde más, por la manera en la que lo ganaste.

Te sientes satisfecho intercambiando tu tiempo y esfuerzo, eso es plenitud.

Si estás comenzando y sientes que tu situación económica no te permite ser selectivo con tus clientes, entonces pon reglas claras a los que ya tienes.

Fija los límites, no hagas cosas a última hora, eres un profesional, debes trabajar de esa manera.

Aprovecha para dibujar a tu cliente ideal y empieza a buscarlo a través de los medios digitales o entre tus conocidos.

Haz networking y véndete como el profesional que eres.

Pero sobre todo muéstrate a las personas que te gustaría te contraten.

Todo es cuestión de proyectarse y ya verás como todos tus clientes serán ideales.

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