¿La suerte existe?

Es una pregunta que me hice toda la vida y durante mucho tiempo mi conclusión fue que no, que todo lo que había alcanzado en mi vida era por mi dedicación y que seguramente era el esfuerzo y la disciplina los que habían llevado al éxito a los grandes empresarios.

Después de muchos años de estudios antropológicos, viajes por docenas de países y mis propias experiencias, puedo decir que la suerte sí existe y es que hay un hecho en particular que en verdad lo demuestra y es ¿quiénes son tus padres? Nadie decide en qué familia nacerá, ni las condiciones que ayudan o dificultan el crecimiento personal. Yo tuve la suerte de ser hijo de unos maravillosos padres bolivianos.

Mi vida está llena de suerte. Jamás me rompí un hueso o me enfermé, ni siquiera he tenido caries en los dientes. Me crié en un pequeño parque de una pequeña ciudad llamada Cochabamba.

Jugué fútbol en las calles, robé higos del árbol del vecino, me columpié en el árbol más bello (que luego cortaron para hacer un edificio). Esas fueron las situaciones que improntaron mi vida.

Crecí en medio de increíbles animales que me enseñaron el valor de la nobleza y lo importante de trabajar en equipo, a la vez que desde el colegio criticaba lo que se me enseñaba y me quejaba de que el trinomio cuadrado perfecto no me serviría en la vida. Tuve suerte porque jamás lo necesité.
Durante toda mi infancia y gran parte de mi adolescencia, mi madre siempre me mintió diciéndome que yo era bueno para todo y me la creí. Mi padre me daba una clase de emprendimiento al día, todo en medio de éxitos elocuentes y uno que otro fracaso donde se perdió hasta la casa. La suerte me dio la oportunidad de ver en casa a un hombre valiente y que nunca se rendía.

En fin, la mitad del SER de cada uno de nosotros se define por la suerte del entorno en el que nacimos y la gente con la que nos criamos, pero la suerte no define todo, solo la mitad. La otra mitad es tu completa responsabilidad.

A diario conozco personas que se quejan constantemente de la vida que les tocó. Critican a otros que han alcanzado el éxito diciéndoles que nacieron en “cuna de oro”. El éxito profesional es mucho más complejo que solo haber tenido la suerte de nacer en un hogar y circunstancias privilegiadas. Conozco gente que ha nacido en situaciones verdaderamente malas y en las que, muchos supondrán, no se puede salir adelante. Hoy en día he hecho negocios exitosos con muchos de ellos y son un recordatorio para mí de que siempre se tiene la posibilidad de cambiar tu propia historia… y suerte. Soy un tipo con suerte.

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